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En el Nuevo Testamento, cuando se habla de ungir a los enfermos con aceite, no debemos asumir automáticamente que se trata del mismo aceite sagrado de unción descrito en Éxodo 30. En la Torá, aquel aceite tenía una composición específica y estaba destinado a consagrar el santuario, sus utensilios, los sacerdotes y, en otros contextos, a quienes eran apartados para una función especial. Su carácter era sagrado y su uso estaba restringido. Éxodo 30:32 establece que ese aceite no debía ser derramado sobre cualquiera. Su propósito principal era la consagración, es decir, separar algo o a alguien para el servicio santo. En cambio, en Marcos 6:13 y Santiago 5:14 encontramos a los discípulos y a los ancianos de la comunidad utilizando aceite con los enfermos. Santiago dice: “oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor”. El término griego utilizado para aceite es elaion, palabra común para el aceite de oliva. Además, Santiago emplea el verbo aleiphō, que puede describir la acción de aplicar, untar o poner aceite sobre una persona. Este uso encaja bien con una práctica conocida en el mundo antiguo, donde el aceite de oliva también se utilizaba para el cuidado corporal y de heridas. Lucas 10:34 muestra al buen samaritano aplicando aceite y vino sobre las heridas del hombre herido. Por eso, el aceite de Santiago 5 no debe confundirse necesariamente con el aceite sagrado de Éxodo 30. Uno pertenece al ámbito de la consagración ritual; el otro aparece en un contexto de cuidado, oración y sanidad. La diferencia no está solamente en el aceite mismo, sino en su propósito. En la Biblia, el contexto determina el significado de la unción.